jueves, 15 de junio de 2017

Las madres remotas


Dice en feis Elena Anníbali ha compartido la foto de Daniela Mac Auliffe.
5 horas
Y llega el día en que se reedita tu primer libro, 10 años después. Gente y editoriales preciosas siguen empujando de este carro flaco de los versos que me tocó escribir. No se entiende, no se entiende, pero cuánto se agradece esa maravillosa insistencia.
Gracias, Daniela Mac Auliffe!!
Gracias, Editorial Buena Vista!!
Gracias, María Del Carmen Marengo por tu amistad y la contratapa.
Daniela Mac Auliffe
10 horas
Las madres remotas, de Elena Anníbali
Contratapa de María Del Carmen Marengo: "¿Qué puede decirse ante un libro tan bello como Las madres remotas, de Elena Annibali? Qué palabras que no huelguen, que no suenen deslucidas e innecesarias frente al esplendor de los textos. La voz poética se instala segura, sólida desde el primer poema y se desplaza llevándonos consigo, maravillados, por una especie de museo donde las obras de arte nos revelan, o nos develan, a nuestras madres remotas. ¿Quiénes son? Diferentes mujeres de nuestro imaginario. Están ahí representadas las que provienen de los mitos griegos, las de los judeocristianos, las del siglo XX. Pero estas obras de arte, pintadas con los más espléndidos colores o cinceladas con los golpes más certeros, no nos muestran una imagen adocenada, sino que señalan el lado oculto de las cosas, el anacronismo desestabilizador, la gota que rebasa la copa.
"Saldré, de cualquier modo, a hacer lo mío: / apartar los cuervos, / enterrar a los hombres, / ahorcarme con el lazo de la cintura / que, de tan usado, / no asegura la muerte de nadie. // (…) // Es esta una farsa repetida hasta el asco, / un carrusel de los parques fantasmas. / Le regalo a otra, Ismene, / este papel gastado.", dice Antígona.
Las madres solemos ser seres siniestros, a veces, seres sufrientes la mayoría de ellas, seres que han resistido al embate de un patriarcado insoportable. Estas madres que en su mayoría no fueron (ni Ariadna, ni Antígona, ni María Magdalena, ni Marilyn Monroe lo fueron biológicamente) se transforman, en sus padecimientos, en las madres simbólicas de todas las mujeres. Es así que hacia el final, el libro parece estar proclamándose en el grito liberador de una implacable conciencia de género. El lenguaje, la poesía y las hijas (las simples mujeres que no accederemos a la condición de mito) se lo agradecemos."
María del Carmen Marengo

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