Elisa Díaz Castelo: ‘Lázaro XI’ y otro poema. I Encuentro de Poetas Iberoamericanos (sede México)
Lázaro XI
Ayer por fin dejé de suicidarme. Heiner Müller
Quise morir. Es cierto. Estaba exhausta de tanto despertar a contracuerpo y en mi piel siempre la mitad de la noche. No había lugar en mi vida para nada que no fuera la muerte. Todo era demasiado y me dolía el más mínimo acorde, el color rojo. Quise morir, aunque mi cuerpo no quisiera, quise, a pesar de la sangre que insiste en recorrerme, a pesar del crecimiento de mis uñas y considerando, incluso, que el cuerpo respira por sí solo cada noche.
Mi nombre hacía agua, sabía a tierra.
Y hay en la vida ese qué será de mampostería y mamparas, de escenario vacío que culmina en su ausencia.
Me dolía la saliva de mis niños, sus noches de cuatro horas, su procenio. Su llanto que rompe anaranjado como soles que sangran y coagulan.
Son las veinticuatro horas abiertas, sus corredores encendidos, es la moneda inestable del afecto, el reciclaje de la ternura. Es saber que estamos regresando hacia ningún lugar y no volvemos a encontrarnos con los que ya se han ido. Es saber que todo el tiempo que me queda no vale lo que un instante gris en la ventana turbia de hace años. Es la vigilia descaminada de los que mueren de sueño y no pueden dormir.
Preferí la muerte, ese común denominador. Quise esta muerte descastada, esta averiada muerte. Quise morir. He dicho. Quise. Eso es suficiente a veces: querer algo. Quise morir y dejé el nombre de mis niños en la sala de estar, caminé de espaldas y cerré la puerta. Quise vaciar mi deuda con la vida, desvestirme de la sangre, ese vestido rojo que me abriga por dentro. Quise romper el límite entre el cuerpo y su sombra.
Quise morir. No pude. Qué fracaso. Y me estorba la voz con la que he vuelto. Mi voz, este lugar absuelto. Voz encanecida con su registro de naves incendiadas, voz digital, trasplantada voz de raíz roja. Me cansa mi voz siniestra de palomas que aletean su ruido en las iglesias, voz que es algo porque no enmarca nada más que un vacío de cúpulas y atrios. A falta de Él hablo hasta por los codos. Porque fui al otro lado y Dios estaba muerto. Todos los dioses: muertos o cansados, descalabrados dioses de estatuillas. Sólo tengo mi voz que me acompaña, su ablación malherida y oraciones desprovistas de nadie.
(De El reino de lo no lineal, FCE 2020)
Disertación sobre el origen de la vista
La primera vez que me miraste de ese modo, tratando de descifrar el acertijo de mi cuerpo, mi sangre se espesó de pronto, fui piel plenamente, a mediodía. Años más tarde supe que nuestros ancestros submarinos desarrollaron en la piel un par de leves hendiduras más sensibles. Eran los ojos: dos agujeros negros en los que caía el mundo. Lo que fue temperatura se hizo luz, por primera vez vista, traducida del tacto.
Pero yo ya lo sabía de algún modo. Sin decírmelo me mostraste que mirar es tocar, una variante que no precisa cercanía. Tenías razón en mis manos, mis labios, mis alargadas clavículas, lo visible y manso de mi cuerpo. Me conocías a flor de vista, a golpe de ojo y sin saberlo, es cierto, me tocabas. Que eso te consuele.
(De Principia, Tierra Adentro 2018 Elefanta 2022)
Elisa Díaz Castelo(fotode Pascual-Borzelli)
Elisa Díaz Castelo (Ciudad de México, 1986). Autora de Proyecto Manhattan (Antílope, 2021), ganadora del Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2020 por El reino de lo no lineal, del Premio Nacional de Poesía Alonso Vidal 2017 por Principia y del Premio Bellas Artes de Traducción Literaria 2019 por Cielo nocturno con heridas de fuego, de Ocean Vuong y el premio Poetry International 2016. Con el apoyo de las becas Fulbright-COMEXUS y Goldwater, cursó una maestría en Escritura Creativa con especialidad en poesía en la Universidad de Nueva York (2013-2015). Poemas suyos aparecen en Letras Libres, Nexos, Hispamérica, La Revista de la Universidad, Tierra Adentro, Este País, y Periódico de Poesía, entre otras, han sido incluidos en la antología de poetas jóvenes españoles y mexicanos Fuego de dos fraguas, en la antología Voces Nuevas 2017 de la Editorial Torremozas y en la antología Liberoamérica (España, 2018). Ha sido becaria del programa Jóvenes Creadores del FONCA en tres ocasiones y de la Fundación Para las Letras Mexicanas durante dos años consecutivos. En 2018 fue seleccionada como una de las dos poetas jóvenes de América Latina invitadas al Festival Internacional de Poesía que se celebra en Trois Rivières. Su primer libro de cuentos, El libro de las costumbres rojas, acaba de salir en Elefanta Editorial.
Hola. Si estás leyendo esto dame una señal. Ya no se bloguea pero sí, veo las visitas, yo misma sigo buscando y armando blogs. Sé que estamos. Les que huimos de la velocidad de la instantánea que ya no es importante a las 24 hs, les que ponemos la cara en el caralibro pero para decir algo, para comunicar, para entablar sentido, les que odiamos "crear contenido" porque escribimos sencillamente, como si fuera en papel, con memoria, pero buscando lectores como una botella al mar.
Esta bloga nació para ensuciarse de poesía ajena, para dejar acá los poemas que me llegan por el mar de navegación digital, los mensajes en botellas de otros tiempos y otros espacios. Seguimos sucia: de besos y arena.
Félix Bruzzone sobre Gabriela Cabezón Cámara en la presentación de El Ansia 6 (28/2/2023)
Conocí a Gabriela Cabezón Cámara hace muchos años en enero. Hacía tanto frío que parecíamos en el polo. Un polo soleado y lleno de árboles. Los pájaros cantaban como enloquecidos. Pero no era locura. Eran cantos de amor. Eran cumbias de amor. ¿De dónde viene la palabra cumbia?, le pregunté a Gabriela. Fue la primera pregunta que le hice y no me respondió. Después hubo otras. Tampoco las respondía. Solo me mandaba fotos por instagram a mí y a todos sus amigos con todo tipo de animales cantores. En general, pájaros. Pero no solo pájaros. Hay insectos que cantan. Hay mamíferos que cantan. Hay peces que cantan. Todos cantan. Todos cantan. También reptiles, aunque no demasiados porque ellos disfrutan del silencio y prefieren escuchar. Se sabe de un cocodrilo, sin embargo, perdido en el mar muerto que llegó ahí por error cuando desmontaron un zoológico en el Líbano. Él nada en las profundidades y canta desde allá abajo en la lengua árabe que aprendió de los niños que le tiraban galletitas. Es un cocodrilo que canta cosas muy tristes. Conocí a Gabriela Cabezón Cámara hace media hora, en un taxi. El taxista estaba muerto. Por momentos manejaba ella. Por momentos manejaba yo. Por la radio pasaban canciones de serpientes y eso le despertó a Gabriela sus ganas de hablar. No de responder. De hablar. Y entonces contó sus aventuras. Te voy a contar la últimas aventuras, me dijo, o sea las que todavía no hice. Las otras ya las conocen todos y están en ese libro que escribí hace unos años. Y en ese otro, que también escribí, hace otros años. Y en ese otro, que también escribí, hace ya tanto tiempo que me olvido de todo lo que dice y de todas las aventuras que en verdad sucedieron y suscitaron a ese libro olvidado. Entonces cuenta que sale en moto de la ciudad y viaja mucho hasta llegar al monte. Es un viaje revolucionario, como todo viaje. Pero ella no es el Che Guevara. Ella es Gabriela Cabezón Cámara. La moto es muy dúctil. Usa nafta solo cuando tiene. Si no, anda con la velocidad. La velocidad empuja a la moto y entonces la moto y Gabriela avanzan por el monte. Claro que en cierto momento el camino se vuelve intransitable y Gabriela le dice a la moto Ahora sos un mono. No es mucho cambio. Moto, mono. Y la moto se convierte en mono y van los dos de rama en rama. El mono tampoco necesita nafta. Sin contar que andar con nafta en el monte sería riesgoso. Por el tema de los incendios forestales. El mono anda con sus resortes que son naturales que le dio Dios o la madre naturaleza o Darwin o Los Palmeras que cantan esa canción esa canción esa canción el bombón asesino el bombón bien latino el bombón suculento el bombón casamiento el bombón insaciable el bombón masticable y que le sirven los resortes al mono para estirarse tanto como una lágrima, un llanto como una túnica, un manto como una música, un canto y como dice Gabriela, como una página en blanco porque mientras Gabriela y el mono avanzan Gabriela escribe cada cosa que pasa sobre una página en blanco. Y entonces hay tres estiramientos superpuestos enredados que son los estiramientos del mono los estiramientos de la página en blanco y los estiramientos del viaje que empezó en la ciudad y ya va llegando al gran volcán. Me gustan los volcanes, dice Gabriela. Esa fuerza. Ese poder. Ese fuego. ¿Y la lava no te amedrenta? ¿Amedrenta? Del verbo amedrentar. ¿Ya sé, pero quién usa ese verbo? Acá en mi barrio lo usamos bastante. ¿De qué barrio sos? De un barrio donde tenemos miedo. Eso está bien, dice Gabriela, hablemos del miedo. Por eso. Sí, por eso. Pero la lava no me da miedo, dice. ¡Pero es muy peligrosa! Pero va lento. Es un peligro lento. No es un tsunami. No, claro. No es un huracán. Claro, no es. No es un accidente en la ruta. Tampoco, eso no es. La lava avanza lento y la podés ver y de hecho te voy a decir una cosa cuando llegamos a la punta del volcán vimos que del otro lado había un bar ¿Abajo? Abajo ¿Un bar cómo? Un bar. ¿Y había gente? Llenísimo de gente. Había una fiesta, de hecho. Así que bajamos y nos colamos en la fiesta. ¿Pero no ibas sola? Con el mono. El mono, claro. Por eso. Ahí fue que le dije Ahora no sos mono, sos mozo, y se convirtió en mozo y me trajo un whisky. No era mucho cambio, mono, mozo. Sale la n. Entra la z. Una letra importante. La más importante, probablemente, donde todo termina lo que le da sentido al resto una letra que está en mi apellido viste Cabezón lleva z Está media perdida pero ahí está, firme, marcando el final ¿Vos qué pensás que hay después del final? ¿Vos decís después de la muerte? Sí. Ni idea. No hay nada. Volvemos a la tierra. Nos consustanciamos con la tierra. Somos tierra otra vez. Es como ese bar que te digo. Abajo del volcán. Como abajo de la tierra. Muerto pero tan tan vivo. Y entonces cuenta Gabriela Cabezón Cámara cuando la conocí que como ya dije fue en un crucero, uno que recorría la polinesia y que tenía solo algunos pasajeros todos sonámbulos que leían poemas de néstor perlongher mientras saltaban al mar y se volvían a subir por la escalerilla que en el bar la fiesta llena de gente y llena de mozos era silenciosa una fiesta en absoluto silencio le habían puesto mute le habían puesto mute le habían puesto mute pero el ritmo, igual, era ensordecedor o sea te dejaba sordo o te había dejado sordo o te dejaría sordo era el ritmo de la lava del volcán bajo el volcán, ensordeciéndose hay lava bajo el hielo del daikiri que te traen para emborracharte hay lava bajo la ropa, transpirada piel de joven hermosa hay lava bajo la piel, en los cartílagos y huesos desencajados del baile arremolinado hay lava en el piso lleno de purpurina y acuachentoso charco de algo hay lava en las cortinas vaporosas que flotan con el aire caliente de un lado y el aire frío del otro hay lava en los ojos aterciopelados o en los aterciopelados ojos de tu noche ensanchada hay lava en esa flor que se agita entre dos manos primero y después entre dos tetas hay lava cómo se mueve la flor no sé pero lo que sí uno sabe y está seguro es que hay lava en todas partes hay donde va la lava hay lava donde está la lava y pasa llena de piedras fosforescentes hay lava ¿quién conoce la firma del gran inventor? ¿de quién es la obra que ustedes reconocen como de Gabriela? ¿de quién es la obra que ustedes reconocen como de Cabezón? ¿de quién es la obra que ustedes reconocen como de Cámara? hay lava hay lava hay tanta lava que las aventuras de la mujer con una z en su apellido se incendian a fuego lento y los bomberos del volcán que mientras tanto toman daikiris y vomitan lava Pero volvamos al mozo porque ahora es él quien lleva a Gabriela de la mano y adónde la lleva no se sabe pero juntos suben a una palmera no es cualquier mozo es un mozo trepador que llegó a este bar serruchando cabezas de mozos ingenuos es un mozo vivo tan vivo que habló con la muerte y le dijo no existís muerte existo yo y mis amigos en los amigos hay lava en el puente desde donde todos saltamos al vacío porque está llen de hielo hay lava y también abajo del puente en el río de los témpanos hay lava hasta que llega el día en que conocí a Gabriela Cabezón Cámara seguíamos en el crucero en la polinesia y el cielo estrellado estaba lleno de lava porque el cielo es como todos sabemos ese manto negro agujereado que tiraron para tapar la lava que no se nos venga que nos nos incinere y la conocí y me dijo al oído soy lava el crucero entonces choca contra un iceberg y nos hundimos de a poco tan lento que parecemos lava no hay peligro descendemos hasta el fondo del océano y en el fondo del océano hay lava siempre hubo lava y ahí conozco por fin a Gabriela Cabezón Cámara una guerrera que lucha en el fondo del mar contra la lava pero es ella también lava y su aventura sigue pero no en este plano de la existencia sino en un taxi no lo maneja nadie o sí lo maneja el mozo que ahora Gabriela dice no sos un mozo sos un moño porque esto ya se termina y necesita un cierre con moño es una letra nada más mozo, moño pero el cierre tiene que llegar de la mano de algo y como el taxi va así como solo se la da contra una pared se hace moño y conozco, por fin, a Gabriela Cabezón Cámara en una sala de hospital mientras alguien la lava la lava arriba la lava abajo la lava en el medio la lava toda entera y ahí la pueden ver entonces como yo reluciente pura lava
La poeta madrileña Edurne Batanero se ha alzado con el Premio de Poesía Joven Vaso Roto 2024 con un primer poemario en el que aborda las diferentes etapas vitales, profundizando en temas como la amistad, la juventud y la posición ante la familia.
En Zenda reproducimos cinco poemas de Infancia es una fruta (Vaso Roto), de Edurne Batanero.
***
El verbo materno
Las cuerdas vocales están tejidas por las manos maternas, dentro vientre que compartieron hilvanan la sangre, depositando, como quien siembra un trozo de pulpa esperando amapolas el verbo que se hizo carne. Late el habla en esa cuerda se enredan palabras que nunca quiso aquí la madre, que la garganta me la diste tú pero lo que brota es mío, no puedes cortar los hilos, ni protegerme para que no tenga que nombrar lo que ninguna madre quiere.
***
Dientes de leche
Llámame con un nombre unido a una muy antigua y olvidada ternura
Alejandra Pizarnik
Revives en este espacio la ternura que perdemos al salirnos los dientes, al poder decir las primeras palabras cuando solo nos guía la piel y el conocimiento a través de nuestra boca.
Algún día te presentaré a la niña que fui.
***
Algo queda
Hace mucho que no veo luciérnagas, cuando vuelva al campo, las buscaré temiendo que se escondan con su imposibilidad de camuflarse si no las encuentro miraré al cielo, sabiendo que las estrellas están a salvo.
***
Siempre me han dicho que soy buena.
Si todo sigue su cauce natural la familia que hasta ahora me conoce /28 años/ no estará cuando yo muera, yo moriré más tarde que todas con las que he sido buena ahora. ¿Quién quedará cuando no esté y dirá ella era buena, aunque dejó el café sin hacer para escribir este poema?
***
Aprender a besar
Mientras crecía Me preocupaba aprender a besar, miraba furtivamente a las parejas por la calle, me detenía ante las escenas de besos, buscando una técnica, un manual de movimiento de labios y lenguas, un porcentaje de humedad que me dijesen qué hacer con el pintalabios, besar se aprende besando.
—————————————
Autora: Edurne Batanero. Título: Infancia es una fruta. Editorial: Vaso Roto. Venta: Todos tus libros.
BIO
Edurne Batanero (Madrid, 1995) ha estudiado artes y trabajo social y la infancia es una etapa vital hacia la cual dirige gran parte de su obra escrita y profesional. Como escritora, ha participado en la residencia literaria de la Plataforma Bajoteja vinculada a lo rural, en el encuentro Voces del Extremo, y ha publicado poemas en la antología La balada del río fresquillo y en revistas como Casapaís, Águila del Cáucaso y Luminaria, entre otras. Realiza activismo y lo considera, como a la literatura, una parte inseparable de sí misma. Su forma de relacionarse con el mundo es leer, involucrarse y escribir. Infancia es una fruta es su primer poemario.
En mi casa tengo una mesa grande de comedor, con un mantel. Pero casi nunca la uso para comer, porque como en el sillón. La uso de escritorio. A veces trato, igual, de mantenerla más o menos ordenada, pero otras veces se descontrola y queda llena de pilas de libros.
El otro día me puse a ordenarla y empecé a encontrar un montón de libros de poesía que este año fueron llegando a mí (algunos los compré, algunos me regalaron, o terminaron conmigo de diferentes formas) y que no leí todavía. La mayoría los empecé, me gustaron y por eso los dejé en la mesa para leer pronto. Y ahí quedaron, medio perdidos entre otro montón de cosas. Estaban medio camuflados entre otros libros que siempre terminan en la mesa porque los releo siempre, que son los que uso para dar taller.
Ahora armé una pila de libros pendientes y la dejé separada, ordenada, con la intención de irlos leyendo de acá hasta que termine el año. Es una pila muy linda porque los libros de poesía en general son chiquitos, coloridos y diferentes unos de otros, así que ahora la veo todo el tiempo y me pone contenta.
Hace poco alguien me preguntó qué había hecho para “publicar tantos libros de poesía” y no supe bien qué contestarle, dije algo así como tratar de que me conocieran otros poetas, conocer editores, mostrar lo que escribía. Pero después pensé que lo que debería haber respondido es que todo lo que hice en estos más o menos diez años que llevo ya escribiendo y publicando poemas es estar todo el día pensando en escribir poemas y, cuando eso se vuelve difícil, estar todo el día medida entra las montañas de poemas que escribieron otrxs.
No voy a mentir, la pila de libros por leer primero me dio un poquito de ansiedad (de hecho, en los días que pasaron desde que la hice, que fueron más o menos quince, solo leí uno y empecé otro, pero ya se sumaron dos más). Igual me puse contenta porque me los regaló una amiga, que es la autora.
El primer libro de la pila que leí, al azar, se llama Planetas habitables y es de Elisa Díaz Castelo, una autora mexicana. El poema que más me gustó tiene muchas páginas y está escrito en prosa, son una serie de pensamientos sobre el mar. Ese libro lo compré en la FED porque me lo recomendó un amigo que estaba atendiendo el puesto de la distribuidora. Hay algo lindo que pasa sobre todo con los libros de poesía que es que en general llegan siempre así, entre charlas y regalos y coincidencias.
Ahora estoy leyendo el segundo, que es Las posibilidades de Edurne Batanero. Ese tiene una historia muy linda porque a ella la conocí este año en Madrid, quería leerla pero no pude conseguir su libro, me lo envió a la casa donde yo estaba cerca de Barcelona y no llegó a tiempo. Pero por suerte un amigo, que también es poeta, me lo pudo traer, y al fin después de meses el libro llegó. Apenas lo recibí leí en desorden algunos poemas y me gustaron mucho, pero ahora lo estoy leyendo del principio al final, como se debe.
Estos son algunos de los poemas que más me gustaron:
Dibujar una casa
Siempre he vivido en un piso y no aprendí a dibujarlo, solo casas solitarias con ventanas vacías, yo ni siquiera estaba en ellas el único rostro, el del sol.
Ninguna pared con pared ni techos que son suelos.
Entre los dientes
Alguna vez que me comunico mal siento que no he prestado la atención que tú necesitabas por no descansar suficiente, tener hambre, el ritmo de los días o porque me cuestan ciertas cosas, errores comprensibles de las vidas que llevamos. Deseo convertirme en una perra que transporta en la boca todo lo que tiene y lo controla firme entre sus dientes sin herirlo.
Cambiar el mundo es mi forma de rezar
Me enternece quien reza por alguien como me enseñaron en el colegio creer en algo y compartir su protección.
A quienes no creemos en religiones nos queda pedir a nuestra acción yo lo hago por mi y todas mis compañeras como aprendí en el patio.
Así que estoy contenta porque voy avanzando con la lectura, pero todavía tengo un montón de libros por leer en mi pila.
Si no fueran de poesía, a lo mejor me parecerían un montón, y leerlos una idea abrumadora. Pero una montaña de libros de poesía no es abrumadora. Es más parecido a saber que tenés la agenda de los próximos meses llena de juntadas con amigxs. Es como tener la seguridad de que, por un tiempo, no va a faltarme buena compañía. El tipo de compañía que nunca me abandona y que hace que escriba.
Tamara
Hasta acá llegamos por hoy. Me despido con una invitación. Como ya sabes tu apoyo nos permite seguir haciendo cosas como esta que estas leyendo. Nos ayudas suscribiéndote acá o podes comprarnos un cafecito o aún mejor podes comprar los libros en cualquiera de nuestras librerías amigas.
Gracias por leer <3
Gracias por leer esto, leer poesía y por leer en líneas generales.