lunes, 27 de octubre de 2025

Algún día te presentaré a la niña que fui


5 poemas de Infancia es una fruta, de Edurne Batanero

La poeta madrileña Edurne Batanero se ha alzado con el Premio de Poesía Joven Vaso Roto 2024 con un primer poemario en el que aborda las diferentes etapas vitales, profundizando en temas como la amistad, la juventud y la posición ante la familia.

En Zenda reproducimos cinco poemas de Infancia es una fruta (Vaso Roto), de Edurne Batanero.

***

El verbo materno

Las cuerdas vocales están tejidas
por las manos maternas,
dentro vientre que compartieron
hilvanan la sangre, depositando,
como quien siembra un trozo de pulpa
esperando amapolas
el verbo que se hizo carne.
Late el habla en esa cuerda
se enredan palabras
que nunca quiso aquí la madre,
que la garganta me la diste tú
pero lo que brota es mío,
no puedes cortar los hilos,
ni protegerme
para que no tenga que nombrar
lo que ninguna madre quiere.

***

Dientes de leche

Llámame con un nombre unido a una muy antigua y olvidada ternura

Alejandra Pizarnik

Revives en este espacio
la ternura que perdemos
al salirnos los dientes,
al poder decir las primeras palabras
cuando solo nos guía la piel
y el conocimiento a través de nuestra boca.

Algún día te presentaré
a la niña que fui.

***

 Algo queda

Hace mucho que no veo luciérnagas,
cuando vuelva al campo, las buscaré
temiendo que se escondan
con su imposibilidad de camuflarse
si no las encuentro miraré al cielo,
sabiendo que las estrellas están a salvo.

***

Siempre me han dicho que soy buena.

Si todo sigue su cauce natural
la familia que hasta ahora me conoce
/28 años/
no estará cuando yo muera,
yo moriré más tarde
que todas con las que he sido buena ahora.
¿Quién quedará cuando no esté
y dirá ella era buena,
aunque dejó el café sin hacer
para escribir este poema?

***

Aprender a besar

Mientras crecía
Me preocupaba aprender a besar,
miraba furtivamente a las parejas por la calle,
me detenía ante las escenas de besos,
buscando una técnica,
un manual de movimiento de labios y lenguas,
un porcentaje de humedad
que me dijesen qué hacer con el pintalabios,
besar se aprende besando.

—————————————

Autora: Edurne Batanero. Título: Infancia es una fruta. Editorial: Vaso Roto. Venta: Todos tus libros.

BIO

Edurne Batanero (Madrid, 1995) ha estudiado artes y trabajo social y la infancia es una etapa vital hacia la cual dirige gran parte de su obra escrita y profesional. Como escritora, ha participado en la residencia literaria de la Plataforma Bajoteja vinculada a lo rural, en el encuentro Voces del Extremo, y ha publicado poemas en la antología La balada del río fresquillo y en revistas como Casapaís, Águila del Cáucaso Luminaria, entre otras. Realiza activismo y lo considera, como a la literatura, una parte inseparable de sí misma. Su forma de relacionarse con el mundo es leer, involucrarse y escribir. Infancia es una fruta es su primer poemario.

Elisa Díaz Castelo y Edurne Batanero

 

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#8 - Condiciones inmateriales

Notas sobre leer y escribir poesía

 
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Una montaña de libros pendientes

En mi casa tengo una mesa grande de comedor, con un mantel. Pero casi nunca la uso para comer, porque como en el sillón. La uso de escritorio. A veces trato, igual, de mantenerla más o menos ordenada, pero otras veces se descontrola y queda llena de pilas de libros.

El otro día me puse a ordenarla y empecé a encontrar un montón de libros de poesía que este año fueron llegando a mí (algunos los compré, algunos me regalaron, o terminaron conmigo de diferentes formas) y que no leí todavía. La mayoría los empecé, me gustaron y por eso los dejé en la mesa para leer pronto. Y ahí quedaron, medio perdidos entre otro montón de cosas. Estaban medio camuflados entre otros libros que siempre terminan en la mesa porque los releo siempre, que son los que uso para dar taller.

Ahora armé una pila de libros pendientes y la dejé separada, ordenada, con la intención de irlos leyendo de acá hasta que termine el año. Es una pila muy linda porque los libros de poesía en general son chiquitos, coloridos y diferentes unos de otros, así que ahora la veo todo el tiempo y me pone contenta.

Hace poco alguien me preguntó qué había hecho para “publicar tantos libros de poesía” y no supe bien qué contestarle, dije algo así como tratar de que me conocieran otros poetas, conocer editores, mostrar lo que escribía. Pero después pensé que lo que debería haber respondido es que todo lo que hice en estos más o menos diez años que llevo ya escribiendo y publicando poemas es estar todo el día pensando en escribir poemas y, cuando eso se vuelve difícil, estar todo el día medida entra las montañas de poemas que escribieron otrxs.

No voy a mentir, la pila de libros por leer primero me dio un poquito de ansiedad (de hecho, en los días que pasaron desde que la hice, que fueron más o menos quince, solo leí uno y empecé otro, pero ya se sumaron dos más). Igual me puse contenta porque me los regaló una amiga, que es la autora.

El primer libro de la pila que leí, al azar, se llama Planetas habitables y es de Elisa Díaz Castelo, una autora mexicana. El poema que más me gustó tiene muchas páginas y está escrito en prosa, son una serie de pensamientos sobre el mar. Ese libro lo compré en la FED porque me lo recomendó un amigo que estaba atendiendo el puesto de la distribuidora. Hay algo lindo que pasa sobre todo con los libros de poesía que es que en general llegan siempre así, entre charlas y regalos y coincidencias.

Ahora estoy leyendo el segundo, que es Las posibilidades de Edurne Batanero. Ese tiene una historia muy linda porque a ella la conocí este año en Madrid, quería leerla pero no pude conseguir su libro, me lo envió a la casa donde yo estaba cerca de Barcelona y no llegó a tiempo. Pero por suerte un amigo, que también es poeta, me lo pudo traer, y al fin después de meses el libro llegó. Apenas lo recibí leí en desorden algunos poemas y me gustaron mucho, pero ahora lo estoy leyendo del principio al final, como se debe.

Estos son algunos de los poemas que más me gustaron:

Dibujar una casa

Siempre he vivido en un piso
y no aprendí a dibujarlo,
solo casas solitarias
con ventanas vacías,
yo ni siquiera estaba en ellas
el único rostro, el del sol.

Ninguna pared con pared
ni techos que son suelos.


Entre los dientes

Alguna vez que me comunico mal
siento que no he prestado
la atención que tú necesitabas
por no descansar suficiente,
tener hambre,
el ritmo de los días
o porque me cuestan ciertas cosas,
errores comprensibles
de las vidas que llevamos.
Deseo convertirme
en una perra que transporta
en la boca todo lo que tiene
y lo controla firme entre sus dientes
sin herirlo.


Cambiar el mundo es mi forma de rezar

Me enternece
quien reza por alguien
como me enseñaron en el colegio
creer en algo y compartir
su protección.

A quienes no creemos en religiones
nos queda pedir a nuestra acción
yo lo hago
por mi y todas mis compañeras
como aprendí en el patio.

Así que estoy contenta porque voy avanzando con la lectura, pero todavía tengo un montón de libros por leer en mi pila.

Si no fueran de poesía, a lo mejor me parecerían un montón, y leerlos una idea abrumadora. Pero una montaña de libros de poesía no es abrumadora. Es más parecido a saber que tenés la agenda de los próximos meses llena de juntadas con amigxs. Es como tener la seguridad de que, por un tiempo, no va a faltarme buena compañía. El tipo de compañía que nunca me abandona y que hace que escriba.

Tamara


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Gracias por leer <3


Gracias por leer esto, leer poesía y por leer en líneas generales.

“La poesía no está divorciada de mundo. Para mí la estética siempre va ligada a la ética.”

Ana Luísa Amaral

 
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sábado, 18 de octubre de 2025

Pesado como el mármol, bolsa llena de Dios

 

Papi

[Poema - Texto completo.]

Sylvia Plath

Ya no, ya no,
ya no me sirves, zapato negro,
en el cual he vivido como un pie
durante treinta años, pobre y blanca,
sin atreverme apenas a respirar o hacer achís.

Papi: he tenido que matarte.
Te moriste antes de que me diera tiempo…
Pesado como el mármol, bolsa llena de Dios,
lívida estatua con un dedo del pie gris,
del tamaño de una foca de San Francisco.

Y la cabeza en el Atlántico extravagante
en que se vierte el verde legumbre sobre el azul
en aguas del hermoso Nauset.
Solía rezar para recuperarte.
Ach, du.

En la lengua alemana, en la localidad polaca
apisonada por el rodillo
de guerras y más guerras.
Pero el nombre del pueblo es corriente.
Mi amigo polaco

dice que hay una o dos docenas.
De modo que nunca supe distinguir dónde
pusiste tu pie, tus raíces:
nunca me pude dirigir a ti.
La lengua se me pegaba a la mandíbula.

Se me pegaba a un cepo de alambre de púas.
Ich, ich, ich, ich,
apenas lograba hablar:
Creía verte en todos los alemanes.
Y el lenguaje obsceno,

una locomotora, una locomotora
que me apartaba con desdén, como a un judío.
Judío que va hacia Dachau, Auschwitz, Belsen.
Empecé a hablar como los judíos.
Creo que podría ser judía yo misma.

Las nieves del Tirol, la clara cerveza de Viena,
no son ni muy puras ni muy auténticas.
Con mi abuela gitana y mi suerte rara
y mis naipes de Tarot, y mis naipes de Tarot,
podría ser algo judía.

Siempre te tuve miedo,
con tu Luftwaffe, tu jerga pomposa
y tu recortado bigote
y tus ojos arios, azul brillante.
Hombre-panzer, hombre-panzer: oh Tú…

No Dios, sino un esvástica
tan negra, que por ella no hay cielo que se abra paso.
Cada mujer adora a un fascista,
con la bota en la cara; el bruto,
el bruto corazón de un bruto como tú.

Estás de pie junto a la pizarra, papi,
en el retrato tuyo que tengo,
un hoyo en la barbilla en lugar de en el pie,
pero no por ello menos diablo, no menos
el hombre negro que

me partió de un mordisco el bonito corazón en dos.
Tenía yo diez años cuando te enterraron.
A los veinte traté de morir
para volver, volver, volver a ti.
Supuse que con los huesos bastaría.

Pero me sacaron de la tumba,
y me recompusieron con pegamento.
Y entonces supe lo que había que hacer.

Saqué de ti un modelo,
un hombre de negro con aire de Meinkampf,

e inclinación al potro y al garrote.
Y dije sí quiero, sí quiero.
De modo, papi, que por fin he terminado.
El teléfono negro está desconectado de raíz,
las voces no logran que críe lombrices.

Si ya he matado a un hombre, que sean dos:
el vampiro que dijo ser tú
y me estuvo bebiendo la sangre durante un año,
siete años, si quieres saberlo.
Ya puedes descansar, papi.

Hay una estaca en tu negro y grasiento corazón,
y a la gente del pueblo nunca le gustaste.
Bailan y patalean encima de ti.
Siempre supieron que eras tú.
Papi, papi, hijo de puta, estoy acabada.

No son un árbol con mis raíces en la tierra

 Soy Vertical


Silvia Plath



Pero preferiría ser horizontal.
No soy un árbol con mis raíces en la tierra
succionando minerales y amor maternal
para que cada marzo pueda resplandecer en hojas,
ni soy la belleza de un lecho de jardín
atrayendo mi cuota de admiraciones y estando espectacularmente pintada,
sin saber que pronto debo perder mis pétalos.
Comparado conmigo, un árbol es inmortal
y la cabeza de una flor no es alta, pero más impactante,
y quiero la longevidad del primero y la audacia de la segunda.

Esta noche, a la luz infinitesimal de las estrellas,
los árboles y las flores han esparcido sus frescos olores.
Camino entre ellos, pero ninguno me está notando.
A veces pienso que cuando estoy durmiendo
debo parecerme perfectamente a ellos,
pensamientos desvanecidos.
Para mí, es más natural estar acostada.
Entonces el cielo y yo estamos en conversación abierta,
y seré útil cuando finalmente me acueste:
entonces los árboles puede que me toquen por una vez, y las flores tendrán tiempo para mí.



martes, 7 de octubre de 2025

De la glicina: cayó

ESTELA FIGUEROA



 No es para hablar de mí que escribo

de la glicina: cayó

su lluvia ligera

azul–

violácea–

celeste.


No es para hablar de la glicina

que la comparo con una lluvia

y adjetivo esa lluvia.


Es para detener este momento nocturno:

la casa en calma

y los pensamientos que ennoblecidos velan

por un ordenamiento

que lo abarque todo.


 ESTELA FIGUEROA.