Milagros King (1975 – 2014)
“(queda entre nosotros)”, 2006, su único libro, presentado por Paulina Vinderman, con contratapa de Graciela Perosio, su mamá, también poeta. Sin reedición.
Se conocen, además, dos poemas inéditos (“Justiniano” y “El fresno”).
*
[Sin título]
Dejando la
ciudad,
9 de julio
es una suma
de varias decadencias
calladas,
de colectivos
decrépitos.
Retiro, territorio
de sus huérfanos.
La autopista indiferente
en cierta falsa placidez.
Debajo, la extensión de
techos,
chapas,
cemento,
ladrillos
y demasiados
carteles
para
algunas almas
que intentan
habitar las
estructuras
inexplicables.
*
Justiniano
Otra vez me quedo
con la luz sobre mi escritorio
y de madrugada.
Esta vez llueve fuerte, pienso,
y el viento sobre la calle Yatay
me hace temblar un poco
si salgo a este balcón mojado.
Y no sé si la batalla es adentro o afuera.
O da lo mismo.
Ahora volver a los libros y todos estos
papeles, papeles.
A estudiar el arte en épocas de Justiniano.
Y no sé si la batalla es adentro o afuera,
Da lo mismo. Digo, dije.
Él tenía que reconstruir un Imperio caído.
No tenía menos problemas que yo.
Pero tengo que ordenar estos papeles o dejar de pensar.
Debe de haber algo importante y me quedo mirando
aquella foto del mosaico que se llama “Invierno”.
Como sea, batallas, digo, dije.
Pero otra vez los ojos de Justiniano desde el mosaico.
Si vuelven a mirarme esos ojos
voy a abrir la puerta del balcón,
Voy a dejar que el viento entre desde la calle Yatay.
Voy a hacer volar todos los papeles, todos los papeles.
Iré a dormir un poco, creo.
Mañana es martes y los martes suelo reconstruir Imperios
e ir al supermercado.
*
El fresno
Y la verdad es que me siento vieja.
Ya podría dejar de soplar el viento
sobre ese fresno de afuera,
de afuera y se sabe que hablo
de la calle y se sabe, ¿o no?,
que de las batallas hablo siempre.
Nosotros somos los que la tenemos clara
hasta que sopla un poco de viento.
Y ahí estamos, juntando cadáveres.
Ya no disimulamos más lágrimas
tras los versos del minimalismo y se sabe
en que llega un punto en que hasta a nosotros
nos suena ridículo y vaya si se sabe.
Y la verdad es que todos nos sentimos viejos, ¿o no?,
Nosotros, los de después de la batalla,
que vinimos a juntar las pertenencias de los muertos
para entregarlas a los familiares.
Y la verdad es que no creímos nunca
y por eso nos la creímos.
Aunque ya no nos sirve de nada.
Y ahora a dejar de escribir.
Y ahora a seguir juntando esos cadáveres de la calle
que si no por Buenos Aires no se puede transitar.
La verdad es que ya podría dejar de soplar el viento
sobre ese fresno de afuera.
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