miércoles, 6 de abril de 2022

Nunca se le ha conocido monstruosidad reseñable

 

RIMA INTERNA POR MARTÍN LÓPEZ-VEGA

Cinco poemas de Filipa Leal

17 abril, 2017 10:23


Filipa Leal (Oporto, 1979) es una de las poetas más destacas de las nuevas hornadas de escritores portugueses. Después de estudiar en Londres y Oporto se doctoró con una tesis sobre aspectos de lo cómico en la poesía de Alexandre O’Neill, Adília Lopes y Jorge de Sousa Braga. También periodista y guionista, su obra poética incluye títulos como La ciudad líquida, La inexistencia de Eva o Ven un jueves (2016), su libro más reciente, del que traduzco los poemas que siguen.

OPORTO SENTIDO

Es difícil haber estado contenta a los diecisiete

o a los veintisiete.

Es difícil haber bebido cañas, haber comido altramuces

y, con cincuenta o cien escudos, haber escogido

la música en el jukebox de la Ribeira:

aquella canción de Rui Veloso en repeat,

los amigos cansados de mi lado obsesivo,

de esta Cara A mía,

la señora de delantal sucio que decía

sale otro chorizo, o quizás ni lo dijese,

puede que la memoria guarde gente de más.

De cualquier modo, es difícil que ahora ninguno de nosotros

esté escuchando música y asando chorizos.

Yo les avisé.

Pero ellos insistieron en cambiar

de canción.

 

EUROPA

Apuntas al rostro sarcástico del sol de invierno

y disparas. Hace tantos meses que no llueve; ¿te has fijado?

El mismo cielo desiste de ti. E incluso así, tú disparas, sólo sabes disparar.

Te equivocas, Europa. Has envejecido mal y has perdido la humildad.

No es contra el sarcasmo contra lo que disparas, no es contra el invierno,

ni siquiera contra lo insólito, contra la desesperación.

Tú disparas contra la luz.

Puedes tirárnoslo todo a la cara, Europa: bombas, palabras, informes de cuentas.

Puedes incluso tirarnos a la cara un diputado, una cumbre.

Pero tus hijos no quieren corbatas. Tus hijos quieren paz.

Tus hijos no quieren que les des sopa. Tus hijos quieren trabajar.

Hace tantos meses que no llueve; ¿te has fijado?

La tierra está seca. Ni abrazados a la tierra conseguimos dormir.

Mientras te escribo, tú sigues haciendo cuentas, Europa.

Quién debe. Quién presta. Quién paga.

Pero tus hijos tienen hambre, tienen sueño. Tus hijos tienen miedo de la oscuridad.

Tus hijos necesitan que les canten una canción, que vayas a acostarlos.

Yo creí en ti y tú me robaste mi futuro y el de mis hermanos.

Si estamos callados, Europa, es sólo porque, contrarios a tu gesto,

nosotros no queremos disparar.

 

PORTUGAL

Tu Producto Interno

es Bruto.

 

LOCH NESS

Cuando se está enamorado, es imposible no atravesar Escocia

en busca del monstruo.

Me ocurrió en febrero, a los diecinueve años. Nevaba tanto.

Bajé la ladera a esa edad a la que es imposible amar

y no creer que el monstruo estará allí solo

a nuestra espera, esperando vernos.

Es difícil no sentir por este monstruo una cierta ternura:

tan reservado, tan delicado con los turistas, nunca se le

ha conocido monstruosidad reseñable y, convengamos,

llamarse Nessie y ser de sexo femenino lo vuelve más frágil.

Había tanta niebla, tanto frío sobre el lago gris. Nadie.

No sé si fue la prisa de volver al hotel para el vino caliente con especias,

no sé si fue el miedo, si fue algún grupo de adolescentes,

pero os aseguro que de repente comenzamos a oír, viniendo del fondo

del agua dulce una voz que repetía, lenta como si cantase:

Please, come and save me

Please, come and save me.

Yo hubiera esperado cualquier cosa de aquel viaje, lo esperaba todo de aquel amor,

todo menos oír aquello de la boca de un monstruo.

Era muy joven.

Me ocurrió después algunas veces más.

 

WEMBLEY PARK

Al contrario de los ingleses, yo no tenía el hábito de leer

en el metro. Acaba de llegar de una ciudad limpia y agradable

con muchos portugueses y (como mucho) tres africanos, cuatro o cinco indios,

diez chinos. Me parecía entonces que leer no era la actividad más interesante

del metro de Londres.

El hombre que se sentó frente a mí era (como mucho) inglés.

Quizás para no avergonzar a la única portuguesa del vagón, por solidaridad,

abrió la mochila y, en vez de un libro, sacó una manzana.

El hombre era enorme y traía a las espaldas una voluminosa mochila infantil.

El hombre era enorme pero tan infantil, tan generoso, tan puro a mis dieciocho años.

Primero, me preguntó que se quería darle un mordisco a su manzana.

Que no, muchas gracias.

Después, me preguntó que si quería apoyar la cabeza en su hombro.

Que no, muchas gracias.

A continuación, se levantó con esa gentileza propia de las capitales y, quizás porque yo insistía en no leer,

quizás porque yo era la única que le miraba, me extendió la mano

como para despedirse y, agarrándola, comenzó a empujarme hacia la puerta

mientras decía en voz baja y (como mucho) perversa:

Ven comigo, que te pago

Ven conmigo, que te pago

Ven conmigo, que te pago

No grité. Me dio vergüenza gritar. Me dio vergüenza que fuese malo.

El hombre, agarrado aún a mi mano, iba mirando hacia mí y hacia la puerta abierta

como quien decidía si llevarme o dejarme estar.

Que no, muchas gracias

Que no, muchas gracias

Que no, muchas gracias

Las personas, incluso las buenas, se repiten tanto.

Y luego pide fuego en la calle como quien pide un corazón aún intacto


En los días tristes no se habla de aves


En los días tristes no se habla de aves.
Uno llama a los amigos y no están
y luego pide fuego en la calle
como quien pide un corazón
aún intacto.
En los días tristes es invierno
caminamos helados con el cigarrillo en la mano
quemamos el viento y decimos
–¡Buenos días!
a las personas que pasan
pero cuando ya han pasado
sin que lo notáramos.
En los días tristes uno habla solo
y un ave siempre se posa
sobre las cosas
en lugar de posarse en nuestro corazón
y sin hablar con nosotros.
* * *
Nos dias tristes não se fala de aves
Nos dias tristes não se fala de aves.
Liga-se aos amigos e eles não estão
e depois pede-se lume na rua
como quem pede um coração
novinho em folha.
Nos dias tristes é Inverno
e anda-se ao frio de cigarro na mão
a queimar o vento e diz-se
– bom dia!
às pessoas que passam
depois de já terem passado
e de não termos reparado nisso.
Nos dias tristes fala-se sozinho
e há sempre uma ave que pousa
no cimo das coisas
em vez de nos pousar no coração
e não fala connosco.




Filipa Leal (Oporto, 1979)


lunes, 21 de febrero de 2022

Quiere ser piedra

 

La poesía no es una declaración jurada
La poesía no se escribe en formularios
La poesía está hecha de muerte.
Tiene prohibida la entrada en las casas bien puestas:
sucede que el jugo de sus cadáveres estropea las alfombras.
La poesía está hecha de vida.
Tiene prohibida la entrada en los edificios:
sucede que el olor a sangre, sexo y sudor
altera el ánimo quebradizo de los señores consorcistas.
La poesía está hecha de sueños.
Tiene prohibida la entrada en las oficinas:
sucede que su viento desordena los papeles,
su lluvia los deshace y su fuego los quema.
La poesía no es un hobby de domingo y ni siquiera
sirve para eludir la intemperie.
La poesía no es un juego de salón:
arruina las fiestas,
los almuerzos de trabajo,
las cenas íntimas.
Especialmente complica el día si se la lee al amanecer.
Mi poesía, en particular, es mejor que la de algunos hombres
pero debo mandarla a la tintorería
a que le quiten las manchas de menstruación.
Mi poesía, en particular, tiene prohibidos los balcones
y también las cornisas:
sucede que siente atracción por el vacío y, sobre todo,
sucede que ama el riesgo.
Mi poesía, en particular, se pudre en los floreros:
sucede que trabaja sin descanso en su propia destrucción.
Se niega a ser adorno.
Mi poesía me hace quedar mal.
Es agresiva. Es contradictoria.
Mi poesía no está sana.
Respira, cruje, hace ruidos molestos.
Busca hablar de la duda y sus tropiezos.
Mi poesía miente porque miente la vida.
Mi poesía sufre desilusión.
Porque está hecha de preguntas y no encuentra respuestas
no avanza, no progresa.
Pobre mi poesía, ha perdido la fe,
quiere ser piedra.



de "Flor azteca", 1991.