miércoles, 12 de mayo de 2021

Mapurbe

 

Tres poemas de David Aniñir Guilitraro

  • .

Mapurbe

Somos mapuche de hormigón
Debajo del asfalto duerme nuestra madre
Explotada por un cabrón.

Nacimos en la mierdopolis por culpa del buitre
cantor
Nacimos en panaderías para que nos coma la maldición

Somos hijos de lavanderas, panaderos, feriantes
y ambulantes
Somos de los que quedamos en pocas partes

El mercado de la mano de obra
Obra nuestras vidas
Y nos cobra

Madre, vieja mapuche, exiliada de la historia
Hija de mi pueblo amable
Desde el sur llegaste a parirnos
Un circuito eléctrico rajó tu vientre
Y así nacimos gritándoles a los miserables
Marri chi weu!!!!
en lenguaje lactante.

Padre, escondiendo tu pena de tierra tras
el licor
Caminaste las mañanas heladas enfriándote el sudor

Somos hijos de los hijos de los hijos
Somos los nietos de Lautaro tomando la micro
Para servirle a los ricos
Somos parientes del sol y del trueno
Lloviendo sobre la tierra apuñalada

La lágrima negra del Mapocho
Nos acompañó por siempre
En este santiagoniko wekufe maloliente.


Arte Peotika

Quien pagará el arriendo de esa pieza
porteña
Dónde sus ventanales antiguos dieron alguna vez al mar?
Quien valorará esos espacios
Donde renació la poesía aleteando
Sobre esa inspiración her-musa ?
Nadie señoras y señores quitados de bulla !!!

Los miserables orígenes de la poesía
son desconocidos
En escritorios, editoriales y bibliotecas
Los orígenes paupérrimos de este Arte
Desarte
O desastre
Son inmundos,

Siendo así
y a pesar de los desiertos
las flores silvestres seguirán creciendo en tu tierra
y en todas partes
para escribir con los nervios llenos
succionando tinta
néctar para endulzar los versos
besos
y voces al vacío

el poema
estado subliminal de conciencia
pos estado de descomposición
engaño corporal en su máxima esencia
escritural acción torturando el silencio
asesinato innato del espacio vacío
al abismo del poema

el poema a la vena entra
alterando las pulsaciones x minuto x hora
x día x noche
x vida x muerte
el poema a la vena entra lloviendo por el pasaje
envenando la piel que nos cubre el alma
licuando cual pulso apuntando con la 9 milimetros
bajando y subiendo temperaturas temperamentos y tempestades

entiendo la poesía no como el ave
sino como el vuelo
( a las aves no me las toquen más en su virtud aérea, oh poetas)

entiendo las cicatrices envueltas de poesía
blanca y roja
escurriendo hemorragias amarillentas y pus del pecho
embelleciendo el temple del REO sangrando IRA
enmudeciendo a los perros en noches de luna llena
poesía sin IVA incluido
vía bono previsional
inseguros todos de su uso
desuso
o abuso
poesía pan nuestro de cada día
es ahí el no tener nada que echarle al pan
o nada con que untar el alma
Para alimentarnos en ella.



El Pewma del mundo trasero

Ser tú es la evolución misma
estar en ti significa asfixiarme de sueños
padecer en la tortura y no diluirme en tu ensueño
donde tu construyes esfinges y cántaros prehistóricos
ahí donde la serpiente jugaba contigo en vida
ser tú es estar en ti
es quererme a mí mismo pues, tú estás en mi
y es lo mismo

Es PENE-trar a un mundo que solo es para
dos
es imaginar que la realidad es imaginaria
es creer que yo creo ti y yo en ti
es caminar por tierras ancestrales
y hablar la lengua de los inmortales

Somos de un mundo antiguo
donde las revoluciones no eran necesarias
tù te lavabas el rostro en el río de la verdad
y yo rodeaba a nuestros hermanos animales
pues con ellos vivíamos

Así era allá
en el lugar donde nuestros cuerpos eran otros
éramos la raza oscura de tantas noches

Así era allá
desnudos de espíritu
desnudos de poesía
desnudos de tristesías

Así era allá
Aquí solo soy un traficante de sicotrópicas líneas
soy el werkén de tus pewmas

¿Qué será lo que dijo el fuego?

 Del fuego



Fredy Chicangana



Es de noche y en las montañas

las puertas se iluminan y tiemblan

con el resplandor del fuego;

las rendijas y las ventanas son esas líneas

que cruzan la oscuridad para calentar nuestro corazón.

Los hombres y mujeres yanakunas,

que son gente que se asiste en tiempos de oscuridad,

hablan, lloran y ríen en un río de humo espeso.

En el fuego está el tiesto de barro

y en el tiesto de barro negro

la hojita de koka que gira en círculos

como gira el tiempo.

El abuelo tuesta la hoja y atiza el fuego,

luego se lleva tres hojas a la boca y

mambea mirando hacia las cenizas;

ofrenda tres hojas tiernas al fuego,

pasándolas por encima de su cabeza.

«Hay que compartir», dice,

«ellos también quieren mambear»,

brota del fuego un hilo de humo y da vueltas sobre la cocina

mientras toma su camino al cielo.

Pregunta el corazón de la abuela:

«¿Qué será lo que dijo el fuego?».

Hay un silencio que se rompe

con el crujir de la leña seca.

Lo guardé en el cuenco de mi mano, lo calenté

 Puñado de tierra


Fredy Chicangana

 

Me entregaron un puñado de tierra para que ahí viviera
toma lombriz de tierra me dijeron:
ahí cultivaras, ahí criaras a tus hijos,
ahí masticaras tu bendito maíz
entonces tome ese puñado de tierra
lo cerque de piedras para que el agua no me
lo desvaneciera
lo guarde en el cuenco de mi mano, lo calenté
lo acaricie y empecé a labrarlo…
Todos los días le cantaba a ese puñado de tierra
entonces vino la hormiga, el grillo, el pájaro de la noche
la serpiente de los pajonales y
ellos quisieron servirse de ese puñado de tierra
quite el cerco y a cada uno les di su parte
me quede nuevamente solo
con el cuenco de mi mano vacío
cerré entonces la mano, la hice puño y decidí pelear
por aquello que otros nos arrebataron.


La vida nos pastorea

 POESÍA

Cinco poemas

 

Vito Apüshana, poeta wayuu.

PALABRA 3

El Mama Chimonquero nos cuenta 
la vida de un amigo suyo,
parecida al pájaro Murúa.

Sus palabras caminan despacio
sobre nuestros cuerpos…
llegan a la garganta
y una extraña necesidad nos obliga a trinar…
al pasar por el pecho nos produce,
en cada suspiro, un sonido de aleteos…
y al visitar nuestras manos
sentimos un roce de hojas de alhucema…
bajan hacia las líneas de los pies
y sorprendemos a siete larvas blancas, danzando, en el suelo. 

Sabemos que el relato no tiene vuelo final
y, así, nos dormimos en una sonrisa circular. 

 

FLOR DE LA GUAJIRA

En Flor de la Guajira flota un aire vaporoso,
Donde las libélulas se quedan pegadas en los escasos arbustos del lugar.

Alieetshi me conduce hacia la única sombra: la tienda de Rosa Lipuana.

Ella nos recibe y, al vernos la mirada, 
nos lleva a un rincón, nos entrega un cebo blando… susurrándonos:

“Dos espíritus amarillos viajan en sus espaldas, 
son wanülu de la enfermedad…
 deben botar todo lo que han comido en los últimos días 
y no hablar entre sí durante la recuperación”.

Así lo hicimos…
y el vacío de todos los Wayuu muertos 
y el misterio de todos los Wayuu vivos 
se montaron en nuestros hombros.

Vimos el rostro del abandono a nuestra semejanza, 
delante de una roca polvorienta… 
nos sonrió y, con su bastón de mando, señaló hacia el cerro de Epitsü:

“Allá los esperan -dijo- sabrán que la mitad de sus vidas 
pertenecen a sus difuntos.

No intenten arrebatárselos… allá los esperan
… son ustedes la primavera de sus muertos.”

Escuchamos nuevos cantos de pájaros, 
recogimos seis piedrecillas desconocidas 
y nuestros pies retomaron el camino.

 

Pastores

Somos pastores
Somos los hombres que viven en el mundo de las sendas.
Nosotros, también, apacentamos, 
también regresamos a un redil... y nos amamantan.
Y somos leche del sueño, carne de la fiesta... sangre del adiós. 
Aquí, en nuestro entorno,
la vida nos pastorea. 

 

Danza y nacimiento

Desde lo invisible alguien suena con la danza…
y los movimientos de todos los seres existentes
visitan los pies de mi hermanita nacida.

El círculo del baile no cesa.

 

Antiguos recién llegados

Por el camino a Palaausain, cerca de Porshiina,
los conejos bailan una danza secreta
con las culebras kashiiwano ‘u...
y los niños pastores ahuecan sus manos
para inventar los sibidos: ¡Waawai! ¡waawai!
y el monte se descubre en cien senderos:
el de la piedra y el polvo
el del agua y la sombra
el del sueño y la risa
el del la trampa y el temor
el de la mujer y la fiesta.

Por el camino a Palaausain, cerca de Ouutüsumana,
los wanülüü beben chicha,
en los ranchos abandonados
y el silencio trae el diálogo oculto de los muertos.

"Palabra 3" y "Flor de la Guajira" de Encuentros en los senderos de Abya-Yala (2004)

"Pastores," "Danza y nacimiento" y "Antiguos recién llegados" from En las hondonadas maternas de la piel (2010)

Glosario
Alhucema: planta medicinal.
Epitsü: cerro del nordeste de la Alta Guajira, también, conocido como el «cerro de la teta». Limita al oriente con la frontera venezolana.
Kasiiwano’u: culebra sabanera, también llamada «cazadora», de hábitos domésticos.
Mama (o Mamo): autoridad espiritual y social entre los Kogui. Identificación propia. 
Murúa: pequeño pájaro de la Sierra, muy común en las aldeas.
Palaausain: lugar o pareja de la Alta Guajira. 
Porshiina: ranchería típica de la Alta Guajira.
Wanülüü: espíritu maligno que genera enfermedad.

Unos pedazos blancos unos pedazos negros unos pedazos amarillos unos pedazos rojos y otros pedazos cafés

 Martes, 11 Mayo , 2021 - 19:06

Tres escritoras indígenas colombianas

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Estas escritoras indígenas cuentan su manera de vivir en el mundo a través de la literatura.
CULTURA
Estercilía Simanca Pushaina / Foto: catedracarlosmontemayor.org
Eduardo Otálora
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La literatura es, entre muchas otras cosas, un lugar para reconocernos. Es un espacio donde cabemos todos y el valor de cada uno aporta al brillo de la cultura, esa especie de sol que ilumina a la humanidad y, por momentos, le da esperanza en las noches más oscuras del odio y la violencia.

En una época como la que está viviendo Colombia es muy importante reconocer esa diversidad. Todos somos ciudadanos en este país que nos reúne, eso dice la constitución. No importa si vivimos en conjuntos residenciales con piscinas privadas o en cabildos en la cordillera. Cada voz es tan legítima como cualquier otra, cada exigencia tan importante como las demás. Y, quizás, uno de los grandes peligros de las sociedades contemporáneas es que nos hacemos los “sordos selectivos”, que sólo nos importan y resuenen algunas voces: las más cercanas, las que defienden los mismos intereses que nosotros, aquellas con las que podemos dialogar desde el acuerdo.

Eso está bien. Pero creo que el diálogo enriquecedor, el que nos hace crecer y darle la vuelta a nuestra mirada del mundo, es el que se da desde la diferencia, desde la curiosidad y respeto por lo que, de primera mano, no entendemos. Si no, ¿cómo avanzaríamos como sociedad? Si todo el tiempo nos resistiéramos a dialogar con lo diferente probablemente la humanidad no evolucionaría.

Por ejemplo, en una comunidad que cierre sus fronteras ideológicas, y demás fronteras, las mismas creencias y tecnologías se repetirían por siglos. Esa comunidad estaría quieta, resistiéndose a lo natural: a que las fuerzas de afuera la muevan, mientras el mundo se transformaría (porque todo se transforma, porque la existencia es sinónimo de movimiento y cambio). Baste considerar que hasta las montañas cambian, se mueven, caminan. A veces por la violencia de un terremoto pero, también, y constantemente, por las caricias erosivas del viento y el agua.

Por eso hoy quiero compartir tres voces nuevas que encontré y que me están moviendo. Las tres son escritoras indígenas y cuentan su manera de vivir en el mundo, que es tan distinta a la mía y que, justamente por eso, la agradezco. 

Francelina Muchavisoy Becerra:

Nació en Leticia, en el Amazonas, en 1965 y su nombre tradicional es Tamia Wawa, que se traduce como “Hija de la lluvia”. Es una mujer que pertenece a la comunidad Inga y quien se licenció en lingüística y educación indígena en la Universidad de la Amazonía, con sede en Florencia, la capital del Caquetá. Entre 1990 y 1991 fue gobernadora de la Organización Regional Inga del Sur Colombiano ORINSUC. En 1992 tuvo a cargo el área de educación de la Organización Nacional Indígena de Colombia, ONIC. Algunos de sus poemas fueron publicados en Woumain: poesía indígena y gitana contemporánea de Colombia.

A continuación, su poema ‘Tiene la piel de los hijos’:

La piel de la tierra extendida
como el color de la piel de sus hijos
unos pedazos blancos
unos pedazos negros
unos pedazos amarillos
unos pedazos rojos
y otros pedazos cafés
Lo mismo que el color de los ojos
negros
azules
verdes
cafés
claros y
grises
A tan hermosos ojos y piel…
terminan enmugrándolos.

Yenny Muruy Andoke:

También conocida como Yiche, nació en Puerto Santander, Amazonas, en 1970 y pertenece al resguardo indígena del Aduche, río Guacamayas, afluente del río Caquetá. Yiche conoce los dialectos minika y nipode de la lengua uitoto y también habla la lengua andoke. Posee conocimientos tradicionales como la cerámica, la cestería y el trabajo en la chagra y realizó sus estudios en el Internado Indígena Fray Javier de Barcelona en Araracuara, Caquetá. Además, cursó una parte de la secundaria en el colegio nocturno INEM José Eustasio Rivera, en Leticia. Ella comenzó a escribir, según dice, inspirada en las historias que se contaban durante las reuniones tradicionales nocturnas en la casa de Oscar Román, padre de su fallecido esposo. En 1998 ganó el Premio Departamental de Poesía, Amazonas, con el poemario Versos de sal, un texto que recoge elaboraciones poéticas de los consejos que daba el abuelo Oscar Román

A continuación, el poema ‘Sabiduría de mujer’, que hace parte de 'Versos de sal':

En su vientre
una gota de vida
está goteando
Es sal
Es palabra
es
hacha
Allí nacen
el hombre nace
allí
también
nace la mujer

Ya
tiempo
la Madre fue violada
pero ella reclama
ella pide
con esa sal-hecha-palabra
Ya la madre
madre verdadera
madre-mujer
ella se enfurece
Ella dice
«Hombre
no fue usted
fui yo
fue a mí a quien violaron»
«Voy a buscar», dice
«¡tal vez fue que me dormí!»
En la historia de tabaco
así habla la mujer sabia
su palabra no es larga 
es como la uña de una mano
es como la uña de un pie.

Estercilía Simanca Pushaina:

Nació en 1976 en la ranchería El Paraíso, que forma parte del resguardo Caicemapa, ubicado en la baja Guajira, y es abogada de la Universidad Simón Bolívar de Barranquilla. Un punto en común entre sus trabajos jurídicos y literarios es el interés que tiene por la situación de la mujer wayuu. Literariamente comenzó a figurar con el libro de poesía Caminemos juntos por las sombras de la sabana (2002), con el que obtuvo el segundo puesto en el Tercer Concurso Nacional de Poesía convocado desde Barranquilla por la Corporación Universitaria de la Costa. Se ha dado a conocer, además, por sus cuentos que se caracterizan por una conciencia crítica, íntima y con tintes autobiográficos. Según Miguel Rocha Vivas, especialista en literatura indígena, “La obra narrativa de Estercilia Simanca Pushaina es una de las más sorprendentes y reveladoras de la actual generación de escritores indígenas en Colombia y América”.

A continuación, el inicio de 'Manifiesta no saber firmar. Nacido: 31 de diciembre':

Desde pequeña siempre me llamó la atención el que la mayoría de los miembros de mi familia materna manifestaran en sus documentos de identidad «no saber firmar» y que además, todos hayan nacido un 31 de diciembre. Por lo que un tiempo creí que todos los Pushainas nacían en esa fecha, les prometí a todos que cuando yo creciera haría una fiesta de cumpleaños a todos los Pushainas que habían en la península de La Guajira, porque todos habían nacido un 31 de diciembre. Pero celebrar el cumpleaños a un grupo considerable de Pushainas (teniendo en cuenta que es uno de los clanes más numerosos de la península), sería relativamente realizable, mas enseñarlos a firmar, eso sí que sería difícil, por lo que empecé con mi abuelo Valencia Pushaina (Colenshi) de la región de Paradero (Media Guajira). Tenía mi abuelo setenta años de edad aproximadamente, y yo siete años, cuando armados de papel y lápiz le di sus primeras lecciones.


Toamdo de https://www.radionacional.co/cultura/tres-escritoras-indigenas-colombianas?fbclid=IwAR3qBMuIxiO-ZBGIL_vI63_fu4dvJpLiR_F-xboeiWlg4Jz_B_R1uJKO6_k

martes, 4 de mayo de 2021

Nosotras- somos los pájaros- que se quedan

 

Libros

6 poemas para entender a Emily Dickinson 

Emily Dickinson definió el rumbo de la poesía y de cómo se lee y comprende ahora.

Emily Dickinson fue una de las primeras mujeres en la historia a quien se le reconoció su trabajo como poeta y se ha convirtió en uno de los pilares de la poesía a nivel mundial.

Nació en una familia de abolengo de Nueva Inglaterra: sus ancestros habían llegado en la primer ola de inmigrantes puritanos a Estados Unidos y fueron adquiriendo, generación tras generación, puestos importantes para la sociedad en crecimiento.

Su abuelo, Samuel Fowler Dickinson, fue secretario del Ayuntamiento, representante en la Corte General, senador en el congreso estatal y durante cuarenta años juez del condado de Hampton, Massachusetts.

Su padre, Edward Dickinson, fue abogado de la Universidad de Yale, juez en Amherst –ciudad natal de la poeta–, representante en la Cámara de Diputados de Massachusetts, senador en la capital del Estado y representante por el estado de Massachusetts en el Congreso de Washington. Además fundó la línea ferroviaria Massachusetts Central Railroad y el Amherst College, una escuela de pregrado que sigue siendo famosa por su alto nivel de exigencia.

Emily Dickinson nació el 10 de diciembre de 1830, treinta años antes de que comenzara la Guerra de Secesión, en la que se lucho, principalmente, por acabar con la esclavitud.

La enseñanza puritana, la lucha entre posturas políticas y la influencia social que tenía la familia Dickinson en el noreste del país fueron aspectos  que quedaron plasmados en la obra de la poeta.

Estos son algunos de sus poemas, que hoy tienen un peso histórico y que Emily Dickinson jamás se imaginó. Fue su hermana quien se dedicó a publicar sus obras, pues para ella no era relevante. Sin embargo, hoy resultan indispensables para comprender la poesía contemporánea.

Emily Dickinson, int4

Extracto del Herbarium de Emily Dickinson ca. 1830 – 1889 / Harvard University’s Houghton Library

133

El agua se aprende por la sed.

La Tierra —por los Océanos atravesados.

El Éxtasis —por la agonía—

La Paz —la cuentan las batallas—

El Amor, por el Hueco de la Memoria.

Los Pájaros, por la Nieve.

Emily Dickinson, int3

Extracto del Herbarium de Emily Dickinson ca. 1830 – 1889 / Harvard University’s Houghton Library

156

Me quieres—estás segura—

No temo equivocarme

No me despertaré engañada

Una complaciente mañana

y descubriré que el Sol se ha ido

¡que los Campos—están desolados

y que mi Amor—se ha marchado!

 

No debo inquietarme—estás segura.

Nunca llegará la noche

En la que, asustada, corra a tu casa

Y encuentre las ventanas oscuras

Y mi Amor se haya ido—dime

¿Nunca llegará?

 

Claro que estás segura—sabes

Que lo soportaré mejor ahora

Si me lo dices así

Que si—cuando la Herida

haya sanado

¡Me hieres—otra vez!

Emily Dickinson, int2

Extracto del Herbarium de Emily Dickinson ca. 1830 – 1889 / Harvard University’s Houghton Library

84

Su pecho es propicio para perlas,

Pero yo no soy un Buceador—

Su frente es propicia para tronos

Pero yo no tengo penacho.

Su corazón es propicio para un hogar—

Yo—un Gorrión—construyo ahí—

Con la dulzura de las ramas

Mi perenne nido.

Emily Dickinson, int1

Extracto del Herbarium de Emily Dickinson ca. 1830 – 1889 / Harvard University’s Houghton Library

292

Si el Valor te abandona—

Vive por encima de Él—

A veces se apoya en la Tumba,

Si teme desviarse—

 

Es una postura segura—

Nunca se equivocó

En esos brazos de Bronce—

Ni el Mejor de los Gigantes—

 

Si tu Alma tiembla—

Abre la puerta de la Carne—

La Cobarde necesita Oxígeno—

Nada más—

Extracto del Herbarium de Emily Dickinson ca. 1830 – 1889 / Harvard University’s Houghton Library

¡Yo, cambiar! ¡Yo, transformarme!

¡Yo, cambiar! ¡Yo, transformarme!

¡Pues lo haré, cuando en la Colina Eterna

Crezca una Púrpura más Pequeña –

Al atardecer, o un brillo inferior

Vacile en la Cordillera –

En el mejor cierre del Día!

 

No es que el morir nos duela tanto –

No es que el morir nos duela tanto –

Es el vivir – lo que nos duele más –

Pero el Morir – es un camino distinto –

Una variedad detrás de la Puerta –

La Costumbre Sureña  – del Pájaro –

Que antes de que lleguen las heladas –

Acepta una Latitud mejor –

Nosotras – somos los Pájaros – que se quedan.

 

Las Ateridas en torno a las puertas del Campesino –

Por cuya miga reacia –

Pactamos – hasta que las Nieves compasivas

Persuadan a nuestras plumas a  Casa



Tomado de https://gatopardo.com/perfil/emily-dickinson-poesia/