lunes, 5 de mayo de 2025

Te quiero por lo que dura, y es suficiente

 Mirta Rosenberg - Una elegia

En la época de mi madre
las mujeres eran probables.
Mi madre se sentaba junto a mi abuela
y las dos eran completamente de carne y hueso.
Yo soy apenas una secuela estable
de aquel exceso de realidad.
Y en la ansiedad del pasado indefinido,
en el aspecto durativo de elegir,
escribo ahora: una elegía.
En la época de mi madre
las mujeres eran perdurables,
completamente hueso y carne.
Mi madre se ponía el collar
de plata y de turquesas
que mi padre le había traído de Suecia
y se sentaba a la mesa como una especia exótica,
para que todo se volviera más grande que la vida,
y cualquier ficción fuera posible.
En la época de mi madre, las mujeres
eran un quid: mi madre nos contó
a mi hermano y a mí: ‘cuando salía de la escuela,
iba a buscar a mi padre al trabajo,
en Santa Fe, y los compañeros le decían es un biscuit,
tu hija es un biscuit, y nunca supe qué querían decir,
qué era un biscuit’, un bizcocho estando muy enferma,
una porcelana exquisita todavía para nosotros,
y mi hermano apurándola: ‘¿Y?’
No sé qué es un biscuit, ¿una especia exótica.
algo de todos modos, especial? Igual
andaba delicadamente por la casa, rozando los ochenta
como se roza una herida
con una gasa.
En la época de mi madre
las mujeres eran muy visibles.
Mi madre se miraba en los espejos
y yo no llegaba a abarcar
su imagen con mis ojos. Me excedía,
la intuía a lo lejos como algo que se añora.
Como ahora,
una elegía.
A la criatura adorable
fijada en lo remoto de la foto,
que ya a los ocho años parecía
más grande que la vida: te extraño,
aunque no te conocía. Eso fue antes
que a mí me dieras vida
en un tamaño apenas natural.
Igual,
una elegía.
Y a la otra de la foto que espero
conservar, la mujer bella que sostiene
el libro ante la hija de un año
en el engaño de la lectura:
te quiero por lo que dura, y es suficiente
leer en el presente, aunque se haya apagado
tu estrella.
Por ella,
una elegía.
Ahora soy la fotografía
y vos el líquido revelador. Tu muerte
me convierte en yo: como una ciencia aplicada
soy la causa y el efecto,
el ensayo y el error, este vacío
de la nada que golpea el corazón
como cáscara vacía.
Una elegía,
cada vez con más razón
....................................................
Mirta Rosenberg - Una elegia

lunes, 24 de marzo de 2025

Voltean también la mesa

 Cuando alguien muere en Bolivia

voltean todos sus retratos
y voltean también la mesa.
Con las patas boca arriba la mesa ruega
como rogaría una tortuga al revés
pero nadie se conmueve.
Primero hay que esperar.
El otro mundo no es otro
sino este, dado vuelta.
Así la túnica de las viudas
está hecha del mismo material
que la lencería.
Terminado el luto
voltean la mesa
para comer en ella el desayuno.
.
.
.
María Alejandra Buelvas Badrán

sábado, 8 de febrero de 2025

Territorio de sus huérfanos

 Milagros King (1975 – 2014)

 “(queda entre nosotros)”, 2006, su único libro, presentado por Paulina Vinderman, con contratapa de Graciela Perosio, su mamá, también poeta. Sin reedición.

Se conocen, además, dos poemas inéditos (“Justiniano” y “El fresno”).

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*

‬

[Sin título]

‬

         Dejando la

                ciudad,

9 de julio

              es una suma

de varias decadencias

calladas,

             de colectivos

             decrépitos.

Retiro, territorio

             de sus huérfanos.

La autopista indiferente

en cierta falsa placidez.

Debajo,  la extensión de 

              techos,

              chapas,

              cemento,

              ladrillos

y demasiados

carteles

para

algunas almas

              que intentan

              habitar las

              estructuras

              inexplicables.

‬

*

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Justiniano

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Otra vez me quedo

con la luz sobre mi escritorio

y de madrugada.

Esta vez llueve fuerte, pienso,

y el viento sobre la calle Yatay

me hace temblar un poco

si salgo a este balcón mojado.

Y no sé si la batalla es adentro o afuera.

O da lo mismo.

Ahora volver a los libros y todos estos

papeles, papeles.

A estudiar el arte en épocas de Justiniano.

Y no sé si la batalla es adentro o afuera,

Da lo mismo. Digo, dije.

Él tenía que reconstruir un Imperio caído.

No tenía menos problemas que yo.

Pero tengo que ordenar estos papeles o dejar de pensar.

Debe de haber algo importante y me quedo mirando

aquella foto del mosaico que se llama “Invierno”.

Como sea, batallas, digo, dije.

Pero otra vez los ojos de Justiniano desde el mosaico.

Si vuelven a mirarme esos ojos

voy a abrir la puerta del balcón,

Voy a dejar que el viento entre desde la calle Yatay.

Voy a hacer volar todos los papeles, todos los papeles.

Iré a dormir un poco, creo.

Mañana es martes y los martes suelo reconstruir Imperios

e ir al supermercado.

‬‬

*

‬‬

El fresno

‬‬

Y la verdad es que me siento vieja.

Ya podría dejar de soplar el viento

sobre ese fresno de afuera,

de afuera y se sabe que hablo

de la calle y se sabe, ¿o no?,

que de las batallas hablo siempre.


Nosotros somos los que la tenemos clara

hasta que sopla un poco de viento.

‬

Y ahí estamos, juntando cadáveres.

Ya no disimulamos más lágrimas

tras los versos del minimalismo y se sabe

en que llega un punto en que hasta a nosotros

nos suena ridículo y vaya si se sabe.

‬

Y la verdad es que todos nos sentimos viejos, ¿o no?,

Nosotros, los de después de la batalla,

que vinimos a juntar las pertenencias de los muertos

para entregarlas a los familiares.

‬

Y la verdad es que no creímos nunca

y por eso nos la creímos.

Aunque ya no nos sirve de nada.

‬

Y ahora a dejar de escribir.

Y ahora a seguir juntando esos cadáveres de la calle

que si no por Buenos Aires no se puede transitar.

‬

La verdad es que ya podría dejar de soplar el viento

sobre ese fresno de afuera.

‬

viernes, 7 de febrero de 2025

Peligrosos remolinos en sus mutuos sentimientos

 Elogio de mi hermana


Mi hermana no escribe versos

y dudo que empiece de repente a escribir versos.

Lo sacó de mi madre, que no escribía versos,

y de mi padre, que tampoco escribía versos.

Bajo el techo de mi hermana me siento segura:

el marido de mi hermana por nada del mundo escribiría

versos.

Y aunque esto suene a obra de Adam Macedonski,

ninguno de mis parientes se dedica a escribir versos.


En los cajones de mi hermana no hay viejos versos,

ni recién escritos en su bolso.

Y cuando mi hermana me invita a comer

sé que no es con la intención de leerme sus versos.

Sus ropas son exquisitas sin premeditación

y el café no se derrama sobre sus manuscritos.


En muchas familias nadie escribe versos,

pero si lo hacen, es raro que sea sólo una persona.

A veces la poesía fluye en cascadas de generaciones,

creando peligrosos remolinos en sus mutuos sentimientos.


Mi hermana cultiva una buena prosa hablada,

y toda su escritura son postales de sus viajes

con textos que prometen lo mismo cada año:

que cuando vuelva,

me contará todo,

todo,

todo.


 Wylslava Simboska.

lunes, 20 de enero de 2025

Las llamas alucinantes de la pesadilla

 No conocen mi rostro nocturno

Mis ojos como cabellos ávidos de espacio

Mi boca color de sangre desconocida

Mi piel

Mis dedos perlados de placer

Guiarán sus pestañas hacia mis orejas mis omoplatos

Hacia el paisaje abierto de mi carne

Las gradas de mis costillas se estrechan al pensar

Que su voz podría llenar mi garganta

Que sus ojos podrían sonreír

No conocen la palidez de mis hombros

En la noche

Cuando las llamas alucinantes de las pesadillas reclaman

El silencio

Cuando los muros blandos de la realidad se estrechan

No saben que los perfumes de mis días mueren en mi lengua

Cuando llegan los astutos blandiendo cuchillos

Cuando sólo queda alto mi amor

Cuando me hundo en el lodo de la noche


Joyce Mansour, nacida Joyce Patricia Adès (Bowden, Inglaterra, 25 de julio de 1928-París, 27 de agosto de 1986) escritora surrealista egipcia.

miércoles, 1 de enero de 2025

2025

 Sucia: repasá esta colección de poemas y poetas que vamos armando acá con besos y arena. Mi amor siempre con vos.

jueves, 12 de diciembre de 2024

En una larga marcha de un sueño a otro sueño

 

roberto bolaño / tres poemas













Autorretrato a los veinte años

*

Me dejé ir, lo tomé en marcha y no supe nunca
hacia dónde hubiera podido llevarme. Iba lleno de miedo,
se me aflojó el estómago y me zumbaba la cabeza:
yo creo que era el aire frío de los muertos.
No sé. Me dejé ir, pensé que era una pena
acabar tan pronto, pero por otra parte
escuché aquella llamada misteriosa y convincente.
O la escuchas o no la escuchas, y yo la escuché
y casi me eché a llorar: un sonido terrible,
nacido en el aire y en el mar.
Un escudo y una espada. Entonces,
pese al miedo, me dejé ir, puse mi mejilla
junto a la mejilla de la muerte.
Y me fue imposible cerrar los ojos y no ver
aquel espectáculo extraño, lento y extraño,
aunque empotrado en una realidad velocísima:
miles de muchachos como yo, lampiños
o barbudos, pero latinoamericanos todos,
juntando sus mejillas con la muerte.

~

Nopal

*

Vio el nopal, pero allí, tan lejos,
no debía ser sino un sueño.
De entre la neblina surgían: formas
redondas y blandas, repetidas,
en una larga marcha de un sueño
a otro sueño,
conteniendo, en sus formas de espejo y uña,
la imagen fulgurante
de un adolescente solo,
de pie, con los brazos extendidos,
mientras en el horizonte interminable de México
aparecían las tormentas.
Pero sobreviviría.
Y al igual que los nopales de los precipicios
su vida se suspendería en el sueño
y la monotonía
a intervalos irregulares y durante mucho tiempo.
Pero eso no era lo importante.
Importaban los nopales
y allí estaban otra vez:
de entre sus lágrimas surgían.

~

Raro oficio gratuito        Ir perdiendo el pelo
y los dientes            Las antiguas maneras de ser educado
Extraña complacencia            (El poeta no desea ser más
que los otros)              Ni riqueza ni fama ni tan sólo
poesía        Tal vez ésta sea la única forma
de no tener miedo                Instalarse en el miedo
como quien vive dentro de la lentitud
Fantasmas que todos poseemos         Simplemente
aguardando a alguien o algo sobre las ruinas  

***
Roberto Bolaño (Santiago de Chile, 1953-Barcelona, 2003) Poesía reunida. Buenos Aires: Alfaguara, 2021.

Si puedo dejarte ir como los árboles dejan ir sus hojas

 Si puedo dejarte ir como los árboles dejan ir

Sus hojas, tan naturalmente, una por una;

Si puedo llegar a saber lo que ellos saben,

Que la caída es alivio, es consumación,

Entonces el miedo al tiempo y a la fruta incierta

No perturbaría los grandes cielos lúcidos,

Este otoño extrañísimo, dulce y severo.

Si puedo soportar lo oscuro con los ojos abiertos

Y llamarlo estacional, no áspero o extraño

(Porque también el amor necesita un tiempo de descanso),

Y como un árbol estarme quieta ante los cambios,

Perder lo que se pierda para guardar lo que se pueda,

La extraña raíz todavía viva bajo la nieve,

El amor resistirá ­si puedo dejarte ir.




May Sarton

martes, 3 de diciembre de 2024

Oración a la Santa Difunta Correa

 poemas-de-jujuy-a-tierra-del-fuego  | 

Poemas de Romina Olivero (Bahía Blanca/ Neuquen)

22.09.2024 17:27 |  Noticias DiaxDia  | 

Oración a la Santa Difunta Correa (Creer o Reventar 2013)

Señora mía
que en ríos de leche navegas
que entre botellas plásticas reinas
escucha mi plegaria lactante.

No hay descanso para nosotras
si el mundo vende el agua embotellada
casi tan cara como el whisky.
No hay esperanza
si se promociona
la leche de fórmula sólo para las ricas.

Te imploro, Deolinda:
llena de líquido mi cuerpo cansado
es que mis pechos ya están secos
y mi hija sigue con hambre.

Difunta Correa
yo también
muero de sed.
Patagonia, año 3015 (Acá es Así / 2016)

un vértigo de aire pesado
silba furioso
despeinando lanas entumecidas
vuelan los pocos grillos que quedaron vivos del tiempo del sol
secos

una oveja gira su cabeza 360 grados
(la deben estar reiniciando)

Newsflash (Acá es Así / 2016)

Están criando pollos sin cabeza
en 40 días los sacan al mercado
no caminan
y vos te los comés
y yo me los como.

Son doble pechuga
sabor posverdad.

Soy un pollo
un pollo de feedlot
vivo en una jaula de 20 por 20
con otros cinco
pollos neoliberales
productivos todos.

A los 6 días de vida nos cortan el pico
prevención de violencia avícola le llaman.
En 40 días soy góndola
moriré y seré Wallmart.

A veces
junto a mis caducos hermanos
clones de pollo yankee
inventos de laboratorio
nos desquisiamos al extremo
soñamos con que algún día apaguen la luz
nos picoteamos las heridas entre nosotros
de pasados de rosca nomás.

Enrique murió hace dos días
(si, ese era su nombre)
no se dieron cuenta y sigue en la jaula
(no lo picoteamos por respeto).

Nacer pechuga.
Ser hormona y antibiótico.
Ansiar el golpe final.
Transformarse en una cena
que alguna macabra madre pondrá en la mesa familiar
para comer angustias
y engordarlas
hasta explotar.

Alacrán nocturno (Estacion Limay 2017)

¿Qué lluvias se encontrarán en la hora?
¿Cómo escandir algún otoño de nieve?
Los fluidos apuntan al sueño
despistando al anuncio de liquidación 2x1
¿Estacionará justito
frente a la conveniencia?
Calla /otorga mientras sufre
un alacrán mordiendo sus venas frías.

La rabia envuelve recuerdos vacíos
en la estación que florece
y despierta papel blanco
hacia abrazos de aire frutado.

alacrán de primavera
estación de avivarse
encontrarte vivo y con hambre
habilita cualquier rincón
de carozo enrojecido
alacrán deseo tibio

volvé a despertarme mañana
desayuno tu rapiña
de fluidos descompuestos
alacrán de mi noche
extirpame estas lógicas
de fantasma envejecido
yo me acuesto tempranito
y te espero con el sueño.

(dorado en sus puntas 2019)

cronómetro de piel este horario que nos damos
cronómetro
termostato regulable que altera calores irreales
un cuerpo
entender un cuerpo en sus trabajos del día
lo que dice lo que piensa lo que hace lo que deja
tiempo de cuerpo
arrastrarlo en labores diurnas sin dormirlo por la noche
porque no se puede por el agua por la risa por leer por otro cuerpo que no

inventarlo
un cuerpo inventado
un día brillo y otoño en crujidos frescos
otro tarde de sol que hierve inviernos de telas fuego almidones del sonido

maquinaria del sueño
pluma apelmazada / de quiebre entre sí
frazadas que no acunan un cuerpo sin vuelo
hemisferio tu risa transportador de números borrados
alcanzar tu risa
escucharla
que la grites en mi oído descubrirla llanto

todos queremos un cubrecamas blando y plumado que cubra
el vacío /cansancio
el vacío/ aburrimiento
el vacío/sillón
y el mundo está lleno de madres cuando la prisa es otra
y se extingue el abrazo que el centro ciego aúlla

escuchaste bien
mi centro ciego aúlla
surte un plasma blanco que duerme mareas de escarcha
determina medidas espaciales caminos del borde extra límite
plasma tóxico inaugura una coma
de esas que cierran
divide ausencia y pasado
averigua un nombre este plasma
averigua el mío el tuyo
no lo logra
contamina tanto artefacto
de medida

(Inédito)

Círculo de sales
cambiante cíclica corola celeste
ojos de agua que piden más
piden más
más
giran las conchillas en el cuerpo
destrozan quemaduras de nieve
abren una piel de sweater azul
omóplato al aire
los dientes muerden el labio inferior
piden más
agua
más
ardor de líquido en bruma
arrancar esta costra
cápsula de sal
que aturde tranquilidades de siesta
carpas naranjas
peces corridos de sequedad esférica
deslizada cobija de algas
calmar esta sed
que pide agua
más
ese filo borde límite
salir del agua
primero salir del agua
antes de pensar
agotar el mirar remilgado
pensar puerto/mar/cerco
barco/ río / tranquera
lancha/ lago/ alambre
saber de peces azules
tus ojos
nadar en úteros propios
aguas saladas envenenar tus venas
más agua
pedir más
tranquera del hambre
capota de amparos
escudo esta arena
clavada en el cuerpo
que sangra sales
vos yo agua tus venas
que es líquido
que es tinta
es trapecio
y riesgo

zambullirse

calmar
esta
sed

Romina Olivero nacio en Bahía Blanca 1979 – Reside desde niña en Neuquén Capital, Patagonia Argentina. Profesora en Letras por la Universidad Nacional del Comahue – Trabaja actualmente como docente y coordinadora en talleres de mediación de lectura para niñes, jóvenes y adultos. Integrante activa de la Colectiva de Escritoras Patagonicas.
Publicaciones: Creer o Reventar (junto a la poeta Carina Medina) editorial el suri porfiado 2013. –Acá es Así editorial el suri porfiado 2016 – dorado en sus puntas, editorial la cebolla de vidrio 2019. Antologías: Estación Limay Editorial 4 de Copas 2017, Paz Ya , editorial la cebolla de vidrio, 2017, Poesía argentina, modelo para armar: 62 voces de la poesía argentina actual sitio web México 2017.